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Revista AIER
Opinión: Contra la morosidad: Prevención
Opinión: Contra la morosidad: Prevención La morosidad en las empresas también tiene solución, la prevención

En estos tiempos de crisis, tanto a nivel general como especialmente en nuestro sector, la morosidad cobra un importante protagonismo dado el carácter y la gravedad del asunto. Que un cliente no pague los servicios prestados por nuestras compañías, cuando además nosotros hemos asumido ya los gastos que supone la compra de material, el pago de las nóminas, etc. supone un trastorno en la tesorería y en el flujo de dinero muy importante, evidentemente dependiendo del importe del impago.

Deberíamos de empezar lanzando una pregunta: ¿Se cura un ataque cardiaco? Evidentemente no, se sobrevive o no a una lesión de nuestro corazón, exactamente igual que sucede con un impago, podremos o no soportar la presión de éste. Entonces, ¿cómo se puede evitar un impago? Exactamente igual que un ataque cardiaco, cuidando nuestra salud, nuestra dieta y alimentación. Si cuando se gestionan los contratos o los presupuestos, se aseguran en lo posible las formas de pago, se verifica el estado financiero de nuestro futuro cliente, el riesgo que podemos asumir en caso de problema, podremos también, no evitar al cien por cien el impago, pero sí minimizar su efecto en nuestra salud financiera y sobre todo poder sobrevivir a él. Los impagos se pueden producir de todos modos, aún observando todas las medidas cautelares que podamos establecer en nuestra empresa, pero es evidente que serán menores y con un reducido factor sorpresa.

Puede que la clave pasara por establecer circuitos de gestión en nuestra empresa que contemplen estas medidas de precaución y sobre todo de mantenimiento de nuestro estado financiero. Si incluimos contratos reales, no solo verbales, solicitamos plazos estrictos en las facturas de certificación, documentos que soporten los pagos y que avalen las ejecuciones de estos trabajos, o simplemente la firma y confirmación de los partes de trabajo por parte del cliente, como comprobación y constatación de los trabajos realizados, etc., podremos establecer de forma más concisa y sobre todo legal, estas formas de pago futuras.
Tampoco debemos de olvidar la tendencia del sector a la negociación excesiva de los plazos de pago. Es muy difícil soportar ciertas cargas financieras de cobro, cuando los pagos son en tiempos muy alejados de los cobros que nosotros podemos tener con nuestros clientes. Si incluimos además que el Estado, constructoras, etc., son los clientes que más alargan estos pagos, posiblemente con las obras más importantes, estamos ante una situación difícil de sostener.

No deberíamos por lo tanto llorar los impagos o las fórmulas abusivas de pago, sino plantar ya medidas que en conjunto hagan que estas negociaciones puedan estar establecidas con plazos más razonables y, lo más importante, que se cumplan.

No es tampoco asumible que la morosidad es parte de nuestro sector, como un riesgo más dentro del funcionamiento de la empresa. De la misma forma que nadie asume la posibilidad de tener un alto riesgo de sufrir un ataque cardiaco, no debemos de asumir que nos puedan realizar impagos y tener que soportarlo como una situación normal entre los clientes del sector.

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